En esta guía
1. No se definió qué debe y qué no debe resolver
Un asistente que intenta responder todo termina respondiendo mal. Elige un conjunto acotado de tareas, por ejemplo estado de pedidos, horarios o agendamiento de citas, y define con claridad qué queda fuera.
Cuando alguien pregunta algo fuera de ese alcance, lo correcto es decirlo con honestidad y ofrecer otra vía.
2. No existe una salida hacia una persona
Nada irrita más que quedar atrapado en una conversación que no avanza. Define cuándo el asistente pasa el caso a alguien del equipo, por ejemplo tras dos intentos fallidos, ante una queja o si la persona lo pide, y entrega el historial para que no tenga que repetirlo todo.
Si el canal es WhatsApp, deja claro en qué horario atiende una persona.
3. La información que consulta está desactualizada
El asistente solo es tan bueno como los documentos y datos de los que se alimenta. Precios, políticas y horarios cambian, y si nadie actualiza la fuente, el asistente repite información incorrecta con total seguridad.
Asigna un responsable y una frecuencia de revisión de esa información, y haz que el asistente reconozca cuando no encuentra la respuesta en lugar de inventarla.
4. No se probó con preguntas reales
Antes de lanzar, reúne preguntas reales de tus clientes, incluidas las mal escritas y las ambiguas, y revisa las respuestas con el equipo de atención. Incluye pruebas con intentos de sacar al asistente de su tarea.
Lanzar de forma gradual, con un grupo pequeño primero, permite corregir antes de llegar a todos.
5. Nadie mide cómo le va
Sin medición no sabes si ayuda. Define indicadores simples: porcentaje de conversaciones resueltas sin intervención humana, casos transferidos, valoración de las personas y temas que más se repiten.
Revisa conversaciones reales cada semana al principio. Las preguntas que el asistente no pudo responder son tu lista de mejoras.
6. Se olvidó el cuidado de los datos personales
Si el asistente recoge nombres, teléfonos o información de pedidos, esos son datos personales. En Colombia aplica la Ley 1581 de 2012: informa para qué se usarán, pide la autorización cuando corresponda y limita lo que el asistente pide y guarda a lo necesario.
La revisión legal de tu caso la debe hacer un abogado; la parte técnica de qué se guarda, dónde y por cuánto tiempo sí la puedes definir desde el diseño.



